h1

Refranes del 121 al 140

– ¿Quién es?  – La vieja Inés

– ¿quién toca? – La vieja loca

- 121 -

No sabe lo que cuesta, quien cada día se viene a la mesa puesta

Aquí andan las historias que todo el mundo conoce.

Aquél que vino a este mundo, se asomó y ya estaba la mesa puesta.

Y el otro, que luchó, jadeó, se esforzó y nunca alcanza a llenar el plato.

Habla de personas que tienen la posibilidad del guiso bien sazonado, de la comida variada, suculenta y abundante.

Qué van a entender estos el sacrificio, la angustia, lo que lucha un padre pobre para alimentar a sus hijos.

Por eso dicen que aunque se nade en la abundancia, hay que enseñar a los hijos a entender la condición de los desposeídos.

Inclusive, se dice que es bueno provocar alguna limitación para hacer que le cueste al muchacho obtener aquel bien, para que valore el esfuerzo de otros.

O lo que hace Cáritas cuando invita a la sociedad tapatía al Banquete del Hambre, con un menú a base de frijoles, tortillas y chile.

- 122 –

No hay plazo tan largo…

Cuando menos lo esperabas, ¡Pácatelas, que ha llegado!

Esas cosas en que no quisiéramos pensar; y aquí están otra vez.

Los días, los meses de nuestra vida, ¿qué tenemos que andar preocupándonos de otra cosa?

Andamos en temporada de gozo, de estruendo, tamborazo y fiesta.

Bien quisiéramos que nuestra vida toda fuera como un carnaval.

Creemos que nos falta mucho para sentir menguadas nuestras fuerzas, triste el corazón.

Pensamos que tenemos bríos para tiempo, lozanía y vigor, risa y grito para gozar esto de aquí.

El plazo… Cuál plazo si no es el de la muerte, pero ésta todavía anda lejos.

Y acá, de repente, una voz sorda, un estribillo ácido…

Acuérdate que eres polvo y que ese polvo anda más cerca de ti, de lo que te has imaginado.

- 123 –

El que no quiera pasar trabajos, que en este mundo no nazca en él.

El misterio de la vida, el misterio del hombre… el misterio del rumbo que tendrán esa vida y ese hombre.

El momento augusto del nacimiento de un nuevo ser hace temblar las estrellas.

Ahí empieza una historia con alcances que nadie puede anticipar.

Ahí está el punto misterioso que marcará una definición que nadie puede cambiar.

Nadie sino el mismo hombre que tiene facultades altas, que tiene también libertad de acción.

Él y sólo él será el arquitecto de su humano destino.

Pero en ese destino no faltarán sinsabores, amarguras, penas y zozobras.

Comienza una vida, pero también comienza un dolor.

Comienza a latir un corazón, pero también comienzan unos ojos a llorar.

Y quien quiera evitar todo eso, sólo una solución drástica, demoledora: ¡que no nazca!

- 124 –

Si bien lo sé, bien lo parlaré

Cuántos habladores encuentra uno en los meandros de la vida.

Gentes exaltadas, halaraquientas, presumidas, amantes de figurar en la primera fila de todo.

Y se sirven del don de la palabra para llamar la atención.

Pero su discurso es vacío, su plática es insulsa, sus palabras como paja que nada en el aire.

En otra parte, en cambio, puede uno encontrar un hombre sensato, gente de ideas, persona de pensamiento noble y sólido.

Estos no se dan por la calle, no van por la banqueta pregonando su fatuidad.

Hay que buscarlos, dar con ellos y seguirles el paso.

Pueden ayudarnos mucho en la vida, pueden decirnos cosas que nos alentarán a ser mejores cada día.

Bien lo parlan, con sencillez y hondura al mismo tiempo, porque bien saben lo dicen, cuando lo dicen.

- 125 –

Avisos ciertos, dan a los vivos los muertos

Eso dice el refrán; habrá que aceptarlo sin discutir más.

El tema es delicado. En cuestión de funerales, en trances de muerte, mejor no contradecir.

Los muertos en su inmovilidad desesperante, los labios apretados, las manos cruzadas en dureza fría.

Qué andan diciendo, cómo pueden aconsejar a nadie o en qué manera pueden ya pronunciar palabras.

Diría uno que esto es una necedad y hasta una actitud irrespetuosa.

Y sin embargo, ese escalofrío, esa mancha de duelo en el alma, ese tañer de campanas y esos rezos…

En todo eso se entraña un aviso, una advertencia que se clava sin querer en la mitad del pecho.

Mírate en este espejo: como en este caso, un día, un instante nada más y tú también.

Tómalo como un aviso y no pienses que podrías escapar de esta condena.

- 126 –

Quien de buen año pasa bien el día primero no puede ya pasar mal el año entero.

Todas las veces es lo mismo: hay una puerta que al abrirse pone inquietudes.

Un año nuevo es como si uno estuviera iniciando un camino por tierras desconocidas.

Como si estuviera ante una representación y le acosara la duda: en qué irá a acabar aquello.

Como si estuviera a punto descorrerse el telón de un teatro.

Todo eso nos hace sentir, cuando se nos presenta, el inicio de un nuevo año.

Para entonces, fiesta y música, cantos y felicitaciones, abrazos y augurios de dicha.

Los seres humanos tienen necesidad de pintar sus horizontes de color de rosa.

Con todo, no faltará por ahí un suspiro melancólico, acaso medio alcohólico.

Él piensa y teme, se figura y tiembla… ¡ay, las calamidades que nos esperan!

El refrán trae para estos un consuelo.

Si logramos ver la luz del año nuevo, si pudimos asomarnos a su mañana que llegó… “quebrando albores…” como en el verso del Mío Cid, ya nos fue bien.

Por lo menos tuvimos un hálito de dicha, no podemos decir que este, ese o aquel fue un mal año, de cabo a rabo.

- 127 –

Todo asunto requiere su punto

Un refrán en afirmación de la doctrina que propuso el anterior.

Hay que tener paciencia para esperar, cuando hay que esperar.

Hay que armarnos de paciencia infinita cuando parece que aquel asunto no está todavía en el momento, la oportunidad, las circunstancias.

Si nos apresuramos podemos echar a perder las cosas.

Si nos distraemos y dejamos pasar la oportunidad exacta, también podemos quedarnos como el que chifló en la loma.

¿Cómo se quedó ese tal? Así, con la boca abierta y sin que nadie lo tomara en cuenta. Sus chiflidos se perdieron en la distancia.

Tampoco como el que se durmió a la  hora del atole.

O como las vírgenes necias a que hace referencia el Evangelio.

El ser oportunos, el presentarnos en el momento preciso, el decir la palabra adecuada, el tomar la actitud que corresponde a cada caso… por ahí anda el secreto del triunfo.

- 128 –

Al terco verás vencer por no dar su brazo a torcer

Se habla aquí del terco, del caprichudo, del obstinado.

De aquél que de modo ciego, sin razón  ni explicación se aferra a una actitud, se casa con un criterio absurdo.

No se habla por cierto de quien sabe sostener un ideal.

No de quien sabe mantener con prudencia una actitud, una idea.

Las cosas de la vida no suelen darse a la primera oportunidad.

Se requiere constancia, voluntad indomable, decisión fuerte para alcanzar un bien, cualquiera que sea.

El que porfía mata venado, dice una expresión del pueblo.

No rendirse al primer golpe, no entregarse al primer desengaño.

Hay que seguir, hay que luchar, hay que mantener la mirada en alto.

Todo eso cuando se adoptó una meta arriba, un empeño digno, una causa noble.

Y no ciego, torpe y necio, perecer a lo tonto, nomás por no dar el brazo a torcer.

- 129 –

De lo que ganes, nunca te ufanes. de lo que pierdas, ni lo recuerdes.

El refrán quiere que animemos nuestra vida en aires de serenidad.

Que seamos ecuánimes y moderados en todo, que evitemos los aspavientos escandalosos.

Para qué iba aquél a echar las campanas al vuelo por el éxito que alcanzó, recibió un reconocimiento, realizó un negocio de grandes beneficios.

El barullo y la gritería, los aplausos y festines de la celebración, podrían trocarse en lamentaciones.

Porque nadie tiene la dicha, la fortuna, el halago y el amor por siempre y para siempre.

Unos días traen otros. La rueda de la vida a veces toca el cielo y a veces raspa el suelo.

Con esa misma ecuanimidad tampoco valen los gemidos, los llantos ni las lamentaciones.

Todo esto fue dicho en el refrán, todo lo vamos diciendo cada quien a lo largo de nuestros días.

- 130 –

 No vuelven los que mueren,  pero las cosas sucedidas, suceden

Son las vueltas del tiempo, es el retorno de la historia.

Aquellos que protagonizaron sucesos extremecientes, se fueron un día.

Se les hubiera creído inmortales; es el caso de los grandes que no deben morir.

Pero también mueren los que dieron luz en el espacio de su tiempo.

Mueren los poetas, los benefactores de la humanidad, los santos.

Y dejan un vacío que uno sabe con certeza, nadie podrá llenar.

¿Quién podrá realizar lo que aquellos hicieron en bien de los demás?

¿Quién podrá decir las cosas como aquellos las decían?

¿Quién vendrá ahora a dar rumbo a los pueblos y a enseñar a  las gentes a amarse y a ser felices?

Dice el refrán que las gentes que se fueron, se fueron para siempre.

Pero no puede irse para siempre la bondad, el amor, el ideal de nobleza y el afán de servir.

Hay una fuerza más fuerte que el tiempo. Los altos anhelos de la humanidad, sobrevivírán a los hombres.

- 131 –

Quien más merece de hambre perece

Ni siquiera es necesario buscar explicación para este refrán: todos los vemos aplicado en casos y personas.

Ahí está para no ir lejos la vaciedad, el desenfoque de los criterios del mundo.

Un deportista que tiene agilidad y destreza en jugar la pelota, recibe jugosas remuneraciones.

A un médico con días y noches entregado a la investigación científica se le arrojan unas monedillas.

Aquéllos tienen público, aplauso, resonancia, espacio de lujo en los medios,

Los otros viven como agazapados en lejanía de todos y de todo.

Unos alientan el entusiasmo, agitan las multitudes, dirigen el circo que corresponde a la parte frívola e insustancial de la que especie humana.

Los maestros, los médicos, los investigadores, abren rumbos de superación, engrandecen el desarrollo de los pueblos, dan línea a perfiles de crecimiento espiritual.

- 132 –

No hay casa tan bien cubierta que no tenga una gotera

Acaso podrá hablar cada quien de lo que sucede en el caso de su casa.

Esto más si en su tiempo no subió a revisar los techos, a limpiar los bajantes.

Ya arreciarán las tormentas y vendrá el tormento de una gotera.

La gotera en su sonar nocturno que exaspera al insomne.

Puede que sea o que no se llegue a dar tal situación.

Se da de algún modo en las abolladuras que tenemos todos.

No hay individuo perfecto, no hay alma limpia, no hay corazón sano.

Ora por una cosa, ora por otra. Todas las personas tenemos más de una falla humana.

Esa es la gotera moral, el tropiezo en el camino, la rotura oculta.

Como se hace con los techos, hay que barrer y limpiar aquel espacio… para que no nos dañe la gota categórica que decía López Velarde.

- 133 –

Si no estás enredado, no te enredes

Cuántos tropiezos nos salen a veces al camino.

Cuántos lazos escondidos, tratan a veces de impedirnos el paso.

Andar en el mundo es andar entre acechanzas y riesgos.

Salir al aire, es salir a los riesgos de una contaminación que flota.

Nadie puede sentirse libre de peligros, nadie a sombra de un inexpugnable muro.

Ni siquiera aquél que consagró su vida y la escondió en las cuatro paredes de un claustro.

No tendrá allá las tentaciones que tiene el hombre en sus apetitos naturales.

Con ser apetitos de nuestra naturaleza dañada, son apetitos que envilecen la calidad del hombre.

Por eso aconseja el refrán: si no te has enredado, si te has librado de ir a dar por oscuros laberintos, cuídate de ir a perderte.

Lo que se guardó en años y años de vigilancia, puede perderse en un instante.

Así el refrán, tan bobo en apariencia y tan profundo y aleccionador.

- 134 –

La gallina de mi vecina, siempre es más gorda que la mía.

El viejo Ripalda, hablaba de esas gentes a quienes llena de tristeza el bien ajeno.

Esta señora aquí, debería estar contenta y celebrar la gordura de la gallina del otro corral.

En todo caso preguntar cómo hacen allá para criar así a sus gallinas en ánimo de imitar la fórmula.

En lugar de eso hay una escondida lamentación, un disimulado resentimiento.

Ahí está el adverbio de tiempo declarando esa tristeza del bien ajeno.

Siempre así, algo que desde hace tiempo se ha advertido, una diferencia clavada desde hace años en aquella gente.

Y esa ruin actitud, producto de la envidia, lamentación inútil, no hará que tengamos lo que tienen otros.

No lo tenemos ni lo tendremos si nos quedamos en lamentación envidiosa.

Eso, en lugar de poner denuedo y energía, voluntad y trabajo por alcanzar lo que tanto nos duele que los otros tengan.

- 135 –

Duele más el cuero que la camisa

Eso que llevamos en lo íntimo de nosotros, eso que da nuestra condición humana, está al margen de todo artificio.

Hay valores supremos, hay conceptos fundamentales que dan su configuración a la persona.

Hay normas intocables, principios tramados  en la conciencia que deben guardarse con rigurosa lealtad.

Y no andar con aspavientos exteriores, con modas y con modos  que no van con nuestras convicciones.

Hombres de una pieza, voluntad templada, carácter firme. El mismo cuero que conforma y da color y valor a nuestro organismo.

No quedarnos con la tela de colores, con el resbaloso tejido de las circunstancias que van cambiando a los días.

Acaso vale decir también que en penas y sinsabores, más duelen los que lastiman nuestro íntimo ser.

Eso más que no pertenece a nuestro ámbito, no está comprometido en nuestra vida.

- 136 –

Doblones ablandan corazones

Quién sabe de donde haya salido la denominación antigua que los españoles daban a ciertas monedas.

Tener doblones era un privilegio de que gozaban hombres afortunados.

Su fortuna podía medirse en bienes de diversa naturaleza, pero siempre acababan siendo calculados en doblones.

Acaso el nombre mismo daba a entender que los menesterosos doblaban la cintura ante los poseedores de doblones.

El poderoso caballero, don dinero, traía muchos doblones en la bolsa.

Con eso podía cambiar el mundo, influir en la sociedad, manejar la voluntad de los demás, rendir corazones.

Fue eso entonces y sigue siendo ahora, aunque se empleen hoy diferentes símbolos del poder económico.

El cheque, los nuevos pesos, la tarjeta de crédito, la firma, todo eso acaba conquistando a quien se quiere dejar conquistar.

Y el apetito execrable del oro, de que hablaba el clásico latino, sigue doblando corazones.

- 137 –

La rueda mal untada siempre anda querellosa

Si trasponemos el sujeto, si atendemos a lo que en esto se quiere significar, diremos que hay seres humanos como esa rueda mal untada.

Falta en la vida de éstos un aliciente superior para caminar con facilidad.

No pueden contentarse con los contentillos superficiales de acá.

Ni el oro del mundo, ni la satisfacción de los instintos, ni el poder, ni el honor, dejarán de hastiarlos en su momento.

Y luego, la vaciedad, el hastío, la tristeza y a veces la desesperación.

Parece, como decía Agustín el de Hipona, que nuestro corazón es tan ancho y tan profundo que no lo puede llenar nadie.

Y tiene que ir a las riberas sin ribera del océano divino para llenarse.

Mientras eso no se haga, andará dando tropezones, pegándose en las paredes, lastimándose los pies.

De aquí para allá, y de allá para acá, los ejes de su conciencia se volverán querellosos, una bonita palabra para referirse a quienes avanzan por la vida rechinando dolorosamente.

- 138 –

Si a un palo tosco se viste, se ha de ver que parece algo

Estas gentes que no se ponen de acuerdo, no le hallan el chiste, no se entienden.

Aquel otro había dicho muy serio: aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Con todos sus artilugios, perifollos y moñerías, la mona seguirá siendo eso.

Viene éste y dice lo contrario: ahí un tronco abandonado en el desván, véanlo.

Alguien llevó al último cuarto, el de los trebejos, esa viga olvidada. La dejaron ahí por inservible.

Pero le atravesaron un palo arriba de la mitad y le pusieron adornos de papel de china.

Le ataron flores, listones de colores y dijeron: aquí está la Santa Cruz, vengan los danzantes.

Lo que dice el refrán, no está reñido con la transformación de aquel palo abandonado.

El palo parece, el palo representa, el palo se ve como… pero no cambia su naturaleza, no deja de ser lo que es.

Así pasa en el hombre cuando se pinta, se reviste. Por fuera nada más.

- 139 –

Maldito el hombre que en el hombre fía

Un refrán muy duro; demoledor.

Nos hablan de relaciones humanas, nos dicen que formamos una gran familia: la calle, el barrio, el pueblo, la ciudad.

Que hemos de vernos como parte de un todo; y darnos la mano y hablarnos y oírnos. Ir en ayuda del otro, esperar ayuda del vecino.

Pero llega este refrán y arrasa con todas esas enseñanzas.

Pide que cada quien se rasque con sus uñas; que cierre la puerta de su casa, se eche la llave a la bolsa y san se acabó.

Así dirá quien entienda las cosas a medias, lo cual es estar medio ciego, medio bobo o medio necio.

El refrán previene de una confianza que va más allá de la dimensión humana.

Se trata de no poner el corazón y la esperanza en la configuración de un pobre ser igual a mí, limitado y deleznable como yo.

Se trata de una rectificación en la brújula y levantarla, acordándonos que arriba está el Amor.

- 140 –

El que no arriesga no pasa el mar

Como si alguien lo hubiera hecho por sí mismo, sin exponer la vida.

Que lo digan los marinos que han sorteado tremendas tempestades.

Que vengan a decirlo las carabelas de Colón que muchas veces estuvieron a punto de zozobrar.

Que lo digan las increíbles travesías de tiempos pasados frente a un mar en tinieblas.

Cómo anduviéramos hoy sin la audacia del genovés y su fe impertérrita.

Qué sería del mundo todo y cómo habría quedado detenida la historia de la humanidad sin el impulso indómito de aquellos navegantes.

Puestos en su circunstancia, también nosotros tenemos que pasar el mar.

Tenemos a veces que emprender una acción, enfrentarnos a una dificultad, vencer un tropiezo.

Si nos quedamos, timoratos y juilones sentados en el equipal, ahí quedará atrapada nuestra vida.

Hay que sortear la tormenta, librar el oleaje, tener audacia y valor para salir adelante, cueste lo que cueste.

 

Arrieros somos,

y en el camino andamos

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: